Diplomado en evangelismo y misiones Intruduccion

 


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INTRODUCCIÓN
Mi hijo, Raymond, es un fanático de la historia de la guerra. Uno de nuestros miembros nos obsequió unos boletos para que fuésemos a escuchar al General Norman Schwarzkopf, el héroe de la primera Guerra del Golfo. ¡Qué noche! .Conocimos al general y nos tomamos una fotografía con él. La tengo en mi oficina para recordarme dos cosas: número uno, un momento inolvidable con mi hijo y, número dos, una de las preguntas del general.

El general relató lo difícil que había sido mantener unidos a los aliados. Esa coalición estaba compuesta por veintinueve naciones: Norteamérica, Oriente Medio, Asia, Australia, Europa, Centro y Sur América. Dentro del salón de guerra surgían choques entre las opiniones, religiones, políticas y los ánimos se caldeaban. Durante esos momentos volátiles el general llamaba al orden con una pregunta: “Caballeros, ¿por qué estamos aquí?”. Los presentes respondían a coro: “Para sacar a Saddam Hussein de Kuwait”. De ahí en adelante las Cosas Se Calmaban.

Piense en esto. ¿Por qué Jesús se encarnó, vivió, murió, resucitó y regresó a su Padre? ¿A qué vino el Espíritu Santo? ¿Por qué la iglesia está aquí? ¿Por qué usted y yo estamos aquí?


Ese día oscuro en el Gólgota cuando Jesús dijo: “consumado es”, todo fue consumado. Él había dicho: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Juan 4:34). También dijo: “Pero para esto he llegado a esta hora. ... Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Esto decía dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan 12:27, 32-33). Su obra fue consumada, pero no había acabado. El plan de salvación estaba consumado, pero el Salvador tenía que edificar una iglesia. Entre su resurrección y ascensión estableció clara la labor de la iglesia. De hecho, los cuatro Evangelios y el primer capítulo de Hechos repiten su plan antes de que la iglesia naciera en Pentecostés.

Lo hemos llamado la Gran Comisión. Descrita Como “grande" porque tiene preeminencia. También es una "Comisión” porque establece las órdenes de marcha de la iglesia llena del Espíritu. Así como el Hijo consumó la obra del Padre, la iglesia, el cuerpo, ha sido llamada a terminar la obra de Cristo. Sí, consumado es; pero Jesús no ha acabado y nosotros tampoco. ¿Por qué estamos aquí? Para ser colaboradores de Cristo, por medio del Espíritu Santo, en el cumplimiento de la misión. Él murió por la misión. Nosotros vivimos para terminarla. Suena sencillo, pero es un gran desafío. Cada uno de los cinco anuncios de la comisión enfatiza una estrategia diferente.

Una conexión

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Ir implica que establezcamos una conexión con el mundo que nos rodea. Conéctese con su cultura, contexto y color.
Con Versión “y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén" (Lucas 24:46-47).
Los conceptos del arrepentimiento y perdón de pecados describen con exactitud en qué consiste la conversión de un pecador. Esto trata sobre rescatar al moribundo, encontrar al perdido y salvar al pecador. La iglesia puede llamarlo “evangelización", "ganar almas”, “pescar a los hombres”, pero, “el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales
Yo soy el primero" (1ra de Timoteo 1:15).

Discipulado

“Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con Vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Amén.” (Mateo 28:18-20).
La nueva criatura en Cristo es como un bebé que necesita algo más que una palmadita en la espalda. Al momento de su salvación se convierten en discípulos (aprendices, seguidores, estudiantes) que necesitan ser disciplinados (enseñados, dirigidos, instruidos). Jesús sabía que morirían si no eran encaminados. Por eso el apóstol Pablo dice en 2da de Timoteo 2:2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otro”.

Adiestramiento

 “Paz a vosotros Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).

El adiestramiento o equipamiento es facilitar los recursos necesarios para el cumplimiento de una asignación. El Padre envió a su Hijo equipado con la unción, el poder y los dones que facilitarían el cumplimiento de su obra. Cada creyente tiene una tarea, pero también ha recibido una unción y unos dones para que ministre eficazmente. Los líderes tienen que ayudar a los miembros a descubrir sus asignaciones. Cada miembro tiene que desarrollar y utilizar su equipo.

Capacitar

“...pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Esta capacitación es doble, pues requiere el conocimiento de la tarea y el poder para lograrla. La Gran Comisión es gigantesca y abrumadora sin el poder del Espíritu Santo. Los creyentes aceptan el poder del Espíritu cuando reciben el bautismo del Espíritu Santo. A su vez lo ponen en efecto cuando son apartados para una obra en particular. El apóstol Pablo fue capacitado por el Espíritu Santo en Hechos 9:17; esto volvió a repetirse cuando los líderes de la iglesia de Antioquía lo apartaron para el ministerio (véase Hechos 13:2). La iglesia está invitada al proceso de la Gran Comisión.

¿El proceso? Sí. Véalo desde la perspectiva de Jesús.


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Durante mis períodos de oración y ayuno, he escuchado el silbido apacible del Espíritu Santo llamándome a la misión. En mis viajes alrededor del mundo observo la obra del Espíritu Santo y recuerdo la misión. Cuando me reúno con líderes denominaciones y ministeriales, escucho que están de acuerdo con el Espíritu.

No estamos preguntándonos si la iglesia sobrevivirá o cambiará, sino, si acogerá su misión con convicción. Por eso estamos aquí. Estamos en una misión. Somos misioneros. Lea su Biblia y descubrirá que Dios es un misionero.

En el capítulo 3 de Génesis Dios promete un Salvador. En el capítulo 12 llama a Abraham y lo envía en una misión. En el capítulo 19 de Éxodo liberta a su pueblo de Egipto. En el capítulo 42 de Isaías dice: “Yo, Jehová, te he llamado en justicia y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos y de casas de prisión a los que moran en tinieblas” (VV. 6-7). De eso trata el trabajo de un misionero.

 A través de la Biblia Dios Padre manifiesta Su deseo de Salvar a un pueblo para su gloria.

Él escogió a un pueblo para sí mismo y lo Comisionó para que llevara su mensaje a las naciones. ÉI Visitó a los gentiles, como Rahab, Rut y Naamán. En los Salmos encontramos más de 175 referencias a la Salvación de las acciones. Jesús fue un misionero.
Él sabía a qué había venido. En Mateo 2820, explica que vino a servir y no a ser servido y a dar su Vida en rescate por muchos. En Juan 10:11 declara que dará su vida por sus ovejas. En Juan 1 nos revela el misterio de su encarnación. El versículo 29 dice que es el Cordero de Dios. En el capítulo 12 de Juan revela la manera en que morirá: será levantado y atraerá los hombres a sí mismo. Él vino a la tierra y Vivió entre nosotros para unirnos a Dios. De eso trata el trabajo de un misionero.

Estoy convencido de que Dios está llamándonos a ser un pueblo y una iglesia misionera. La iglesia cumplirá ese propósito con un mayor compromiso a la Gran Comisión. Antes de la fundación del mundo, Dios decidió que su unigénito no moriría en vano. Nunca antes el planeta había estado tan poblado como ahora (casi siete mil millones de seres humanos). La mayor cosecha de almas está en marcha. Alrededor del mundo tres mil almas Vienen a Cristo Cada 25 minutos. La Gran Comisión está cerca de Su casa, recíbala, practíquela y Procésela.

 Hace poco leí que la Iglesia de Dios es la vigésima quinta denominación más grande de los Estados Unidos. Estamos en una buena posición si tomamos en cuenta que son más de denominaciones norteamericanas. Los informes indican que las únicas dos iglesias evangélicas que crecieron el año pasado fueron la Iglesia de Dios (2.04%) y las Asambleas de Dios (96%).

¿Acaso estoy alardeando? No. Estoy diciendo que tenemos una responsabilidad con el siglo XXI de, cimentados en nuestro fundamento pentecostal, ir hacia el destino que Dios nos ha señalado. Nosotros hemos llegado al Reino para esta hora. El pluralismo, el terrorismo, el hambre, el genocidio, el abuso, la recesión, la inmoralidad, la guerra, las vidas destruidas, los hogares rotos, la enfermedad, el prejuicio, el pecado, la idolatría y el materialismo se oponen a la misión de Dios. La iglesia debe responder con la Gran Comisión. Si no actuamos ahora, ¿cuándo lo haremos? Si no lo hacemos, ¿quién lo hará?

Recuerdo el discurso de John F. Kennedy cuando aceptó la nominación a la presidencia por el Partido Demócrata: La nueva frontera a la que me refiero no es un conjunto de promesas, sino de desafíos. Eso no es lo que estoy ofreciéndole al pueblo norteamericano, sino lo que pienso pedirles... es la promesa de más sacrificio en lugar de más seguridad.
Quiero que la iglesia de Dios acepte el desafío de la Gran Comisión. No les pido más seguridad, sino sacrificio.

La Gran Comisión es la solución.
Dr. Raymond Culpepper
James Rutz, "Megashift" (Colorado Springs: Empowerment Press, 2005), Rutz dice que 175,000 personas son añadidas a la iglesia diariamente. Este cálculo proviene de las conversiones menos las muertes. Eileen W. Linder, "2009 Yearbook of American & Canadian Churches" Nashville, Abingdon Press, 2009), 11. 15.
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